JON SOBRINO EL PRINCIPIO MISERICORDIA PDF

La Iglesia samaritana y el principio-misericordia Teologa en un mundo sufriente. Los pueblos crucificados, actual siervo sufriente de Yahv 83 5. Amrica Latina: lugar de pecado, lugar de perdn. Quinto centenario: pecado estructural y gracia estructural 7. Hacia una determinacin de la realidad sacerdotal.

Author:Grosida Shakajinn
Country:Albania
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):9 June 2011
Pages:353
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La Iglesia samaritana y el principio-misericordia Teologa en un mundo sufriente. Los pueblos crucificados, actual siervo sufriente de Yahv 83 5.

Amrica Latina: lugar de pecado, lugar de perdn. Quinto centenario: pecado estructural y gracia estructural 7. Hacia una determinacin de la realidad sacerdotal. El servicio al acercamiento salvfico de Dios a los hombres 9. Conllevaos mutuamente. Anlisis teolgico de la solidaridad cristiana En ellos aparecen diversas temticas; y en cuanto al nivel de reflexin, unos son ms coyunturales, otros ms testimoniales y otros ms tericos.

Los hemos reunido en un mismo libro, sin embargo, porque en su conjunto pensamos que ofrecen una importante unidad, ya que todos ellos versan sobre la realidad ms flagrante de nuestro mundo y sobre la reaccin ms necesaria hacia ella.

En palabras de Ignacio EUacura, el libro quiere asentar que el signo de los tiempos por antonomasia es la existencia del pueblo crucificado, y la exigencia ms primigenia es la de bajarlo de la cruz. Pero, aunque exista una cierta unidad de fondo, quiz sea bueno explicar brevemente las diversas partes del libro para mejor captarla.

La introduccin tiene un tono ms biogrfico as nos lo pidieron y puede apuntar de forma personal al problema fundamental de nuestro mundo: la ignorancia, el encubrimiento y el adormecimiento ante la cruel inhumanidad. La primera parte se centra en lo esencial de la misericordia y la necesidad de que configure la misin de la Iglesia y del quehacer de la teologa.

La segunda analiza la realidad crucificada del Tercer Mundo, ante la cual hay que reaccionar, hoy como ayer ya que estamos en el quinto centenario, pero se aade tambin la salvacin, el perdn y la gracia que ofrece. En el eplogo, por ltimo, recordamos a unos hombres que han ejercido la misericordia con ultimidad; y, aunque podramos haber elegido a muchos de ellos, comprender el lector que me haya fijado en los mrtires de la UCA, mis hermanos jesutas. Sus limitaciones, adems de las que descubrir el lector, son de dos tipos.

Una, las inevitables repeticiones que no he tenido tiempo de superar. Y es que, adems de las ocupaciones normales diarias, el martirio de mis hermanos y, ahora afortunadamente, el proceso de paz absorben nuestras fuerzas.

La otra limitacin es ms de fondo y versa sobre el ttulo mismo. A algunos lectores les har recordar la monumental obra de Ernst Bloch El principio-esperanza, mientras que nuestro libro es infinitamente ms modesto.

Y a otros les parecer, con razn, que el lenguaje de misericordia es excesivamente suave y aun peligroso para expresar lo que necesitan los pueblos crucificados. Sin embargo, hemos mantenido el ttulo, porque quiz tenga la fuerza necesaria para despertar y sacudir a la sociedad y a la Iglesia. Y es que la misericordia dice ultimidad, humana y cristiana, ante el pueblo crucificado.

Habr que buscar sus formas adecuadas, ciertamente justicia estructural, sobre todo , pero hay que recalcar que en esa reaccin primaria, para la cual no hay ms argumentacin ni ms motivacin que el hecho mismo de la crucifixin de los pueblos, se juega lo humano y lo cristiano. La misericordia no es suficiente, pero es absolutamente necesaria en un mundo que hace todo lo posible por ocultar el sufrimiento y evitar que lo humano se defina desde la reaccin a ese sufrimiento.

Muchas cosas hay que hacer, por supuesto, y mucho habr que pensar, filosfica y teolgicamente, para hacerlas bien. Pero, si la razn no se torna tambin en razn compasiva y si la teologa no se torna tambin en intellectus misericordiae, mucho me temo que dejaremos a los pueblos crucificados abandonados a su desgracia, con muchas razones y con muchas teologas.

Deseamos, sobre todo, cooperar a que en este el norte escuche y acoja los clamores del sur; que no se cierre a los pueblos crucificados, sino que se abra generosamente a ellos. Creemos que lo que est en juego en el principio-misericordia es la misma nocin y posibilidad real de formar todos una sola familia humana.

En lenguaje cristiano, lo que est en juego es poder rezar el Padrenuestro. Utopa, ya lo sabemos, y por ello sofocada y aun despreciada. Pero, sin esa utopa, mal futuro nos espera a todos. Y esa utopacreemos pasa necesariamente por la configuracin de nuestras vidas y de nuestras instituciones desde el principio-misericordia.

San Salvador Marzo, 1 Introduccin: Despertar del sueo de la cruel inhumanidad Me han pedido que escriba unas pginas sobre how my mind has changed, y he de decir que s ha cambiado y que espero que no slo haya cambiado la mente, sino tambin la voluntad y el corazn.

Y si me animo a escribir sobre algo mo personal, es porque no se trata slo del cambio de una persona, sino de muchas otras en El Salvador y en toda Amrica Latina, y por ello usar indistintamente el singular y el plural. Escribo para el lector norteamericano, que por definicin tiene graves dificultades para entender la realidad latinoamericana y los profundos cambios que produce.

Por ello, voy a tratar de explicar en qu consiste ese cambio fundamental visto desde El Salvador, comparndolo con otro que est en la base de la as llamada civilizacin occidental moderna.

En el Tercer Mundo, el cambio fundamental tambin consiste en un despertar; pero un despertar de otro tipo de sueo pesadilla ms bien, el sueo de la inhumanidad, es decir, despertar a la realidad de un mundo oprimido y sometido, y hacer de su liberacin la tarea fundamental de todo ser humano para que, de este modo, ste pueda llegar simplemente a serlo.

Esto es lo que ha cambiado en m, as lo espero, y en muchos otros. Y lo que ha hecho posible ese difcil e inesperado cambio es, digmoslo desde el principio, la realidad de los pobres y de las vctimas de este mundo. Para explicar todo esto con palabras sencillas, pemitame el lector que exponga primero unos breves hechos biogrficos y, despus, una reflexin ms reposada. Despertar de dos sueos Nac en y crec en el Pas Vasco.

En vine a El Salvador como novicio de la Compaa de Jess, y desde entonces he pasado mi vida en este pas, con dos grandes interrupciones de cinco aos en St. Louis, estudiando filosofa e ingeniera, y siete aos en Frankfurt, estudiando teologa.

Conozco, pues, bien el mundo desarrollado y de la abundancia, y conozco muy bien el mundo de la pobreza y de la muerte. Pues bien, he de comenzar confesando que hasta , en que regres definitivamente a El Salvador, el mundo de los pobres, es decir, el mundo real, no exista para m.

Al venir a El Salvador en , me encontr con una terrible pobreza; pero, aun vindola con los ojos, no la vea, y esa pobreza, por lo tanto, nada me deca para mi propia vida como joven jesuta y como ser humano. Y, por supuesto, ni se me ocurra pensar que yo pudiera, y menos que tuviera que aprender algo de los pobres. Todo lo importante para la vida y para ser jesuta ya lo traa de Europa y, de cambiar algo, de Europa vendra lo que habra que cambiar.

Mi visin de lo que debera ser mi vida futura como jesuta y sacerdote era entonces la tradicional de aquellos tiempos: ayudar a los salvadoreos a cambiar su religiosidad popular, supersticiosa, por una religiosidad ms ilustrada; ayudar a que la Iglesia, la europea, creciera en sus sucursales latinoamericanas.

Yo era, pues, el tpico misionero, con buena voluntad, y a la vez eurocntrico y ciego a la realidad. Los estudios posteriores de filosofa y teologa supusieron un importante cambio, sin duda. Fue la sacudida de despertar del sueo dogmtico. Durante aquellos aos de estudio, pasamos por la Ilustracin, por Kant y Hegel, por Marx y Sartre, y todo ello llevaba a hondos cuestionamientos. Por ponerlo en su momento ms lgido, al cuestionamiento del Dios que con toda naturalidad habamos heredado en nuestras religiosas familias centroamericanas, espaolas y vascas.

Pasamos despus por la exgesis crtica y por la desmitologizacin de Bultmann, por la herencia del modernismo y la desabsolutizacin de la Iglesia, todo lo cual llevaba al hondo cuestionamiento del Cristo y la Iglesia que nos haban enseado. Tuvimos que despertar del sueo, con dolor y angustia en mi caso, porque era como si a uno le fuesen quitando la piel poco a poco.

Afortunadamente, en el despertar no slo hubo oscuridad, sino tambin luz. La teologa de Rahnerpor poner el ejemplo ms impactante y beneficioso para m me acompa durante aquellos aos, y sus pginas sobre el misterio de Dios siguen acompandome hasta el da de hoy.

El Vaticano II nos dio nuevas luces y nuevos nimos, sin duda: la Iglesia en s misma no es lo ms importante, y ni siquiera lo es para Dios. Al trabajar en mi tesis doctoral sobre cristologa, empec tambin a descubrir a Jess de Nazaret, que no era el Cristo abstracto que antes tena en la mente aunque en la vida real el Cristo es siempre bien concreto, ni siquiera el Cristo bien presentado en aquellos das por Teilhard de Chardin, el punto omega de la evolucin, o por Rahner, el portador absoluto de la salvacin.

Y me encontr creo que fue un descubrimiento decisivo con que el Cristo no es otro que Jess, y que ste tuvo una utopa en la que no haba pensado antes: el ideal del reino de Dios.

Lejos quedaban, pues, la ingenuidad y el triunfalismo eclesial cristiano de nuestra juventud. Sin embargo, creo que, aun con muchos cambios buenos, no habamos cambiado en lo fundamental. Yo, al menos, segua siendo un producto del Primer Mundo, quiz tambin de lo mejor de ese mundo; pero, si iba cambiando, era segn el proceso de ese mundo, al ritmo de ese mundo y por las leyes dictadas por ese mundo.

Cambio necesario, y bueno en muchas cosas; pero cambio no suficientemente radical y, desde el Tercer Mundo, cambio superficial. El mundo segua siendo para m el Primer Mundo; el hombre segua siendo el hombre moderno; la Iglesia segua siendo la Iglesia europea del Concilio; la teologa segua siendo la teologa alemana; y la utopa segua siendo, de alguna forma, que los pases del sur llegasen a ser como los del norte.

Eso desebamos, y por eso queramos trabajar muchos, consciente o inconscientemente, en aquellos momentos. Habamos despertado del sueo dogmtico, si se quiere; pero seguamos dormidos en un sueo mucho ms profundo y peligroso, y del cual es ms difcil despertar: el sueo de la inhumanidad, que no es otra cosa que el sueo del egocentrismo y del egosmo. Pero despertamos. Por uno de esos raros milagros que ocurren en la historia, ca en la cuenta de que hasta entonces yo haba adquirido muchos conocimientos y haba aprendido muchas cosas, que me haba desprendido y me haban despojado de muchas otras cosas tradicionales; pero en lo fundamental nada haba cambiado.

En palabras sencillas, vi que mi vida y estudios no me haban dado ojos nuevos para ver la realidad de este mundo tal cual es ni me haban quitado el corazn de piedra ante el sufrimiento de este mundo. Eso fue lo que experiment cuando regres a El Salvador en Y empezamos, espero, a despertar del sueo de la inhumanidad.

All, para mi sorpresa, me encontr con que algunos compaeros jesutas ya hablaban de pobres, de injusticia y de liberacin. Y me encontr con que jesutas, sacerdotes y religiosas, laicos, campesinos y estudiantes, incluso algunos obispos, actuaban en favor de los pobres y se metan en serios conflictos por esa causa. Yo estaba recin llegado y sorprendido, y no saba qu poda aportar.

Pero desde el principio se me hizo muy claro que la verdad, el amor, la fe, el evangelio de Jess, Dios, lo mejor que tenemos los creyentes y los seres humanos, pasaban por ah, por los pobres y por la justicia. Por decirlo en palabras concretas: no es que Rahner o Moltmann, a quienes estudi a fondo, ya no tuvieran nada que decir, pero comprend que era una insensatez tener como ideal rahnerizar o moltmanizar a los salvadoreos.

Si algo poda ayudar yo con mis estudios, la tarea tena que ser a la inversa: salvadoreizar, si era posible, a Rahner y a Moltmann. En esa situacin, tuve la dicha de encontrarme con otros que ya haban despertado del sueo de la inhumanidad: Ignacio Ellacura y, despus, Monseor Romero, por citar slo a dos grandes salvadoreos, cristianos y mrtires, grandes hermanos y amigos.

Pero, adems de esos encuentros bienaventurados, poco a poco me fui encontrando con los pobres reales, y creo que ellos acabaron de despertarme.

Al despertar, cambiaron radicalmente las preguntas y, sobre todo, las respuestas. La pregunta fundamental se convirti en si somos o no humanos y, para los creyentes, en si nuestra fe es o no humana. Y la respuesta no fue la angustia que suele acompaar al despertar del sueo dogmtico, sino el gozo de que s es posible ser humano y ser creyente, pero a condicin de cambiar no slo la mente, de sometida a liberada por lo cual peleamos durante aos y ya lo considerbamos como algo conseguido, sino de cambiar los ojos para ver lo que haba estado ante nosotros, sin verlo, durante aos, y de cambiar el corazn de piedra en corazn de carne, es decir, dejndonos mover a compasin y misericordia.

El rompecabezas que es la vida humana, cuyas piezas se descompusieron al pasar por la Ilustracin y sus cuestionamientos, volvi a descomponerse de nuevo al enfrentarnos con los pobres de este mundo, pero con una gran diferencia.

Despus de la sacudida del sueo dogmtico, tuvimos que rehacer el rompecabezas, con angustia y dificultad, y conseguimos cosas muy positivas. Sin embargo, mi impresin es que ese primer despertar no bast para sacarnos de nosotros mismos, y pudimos seguir encerrados y centrados en nosotros.

Despertar del sueo de la inhumanidad fue una sacudida ms fuerte, pero tambin ms gozosa. Y entonces ca en la cuenta de otra de las grandes verdades olvidadas: que el evangelio, eu-aggelion, no es slo verdad que hay que asentar en presencia de tantos cuestionamientos, sino que es, ante todo, buena noticia que produce gozo.

Y se es el hecho mayor de nuestro mundo; lo es cuantitativamente, porque abarca a dos terceras partes de la humanidad; y lo es cualitativamente, porque es lo ms cruel y clamoroso. En lenguaje cristiano, hemos aprendido a llamar a nuestro mundo por su nombre: pecado realidad, por cierto, que no saben cmo manejar muchos creyentes y no creyentes en el Primer Mundo. Y lo llamamos as porque, cristianamente, pecado es aquello que da muerte. Pecado es lo que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado es lo que sigue dando muerte a los hijos e hijas de Dios.

Se podr o no creer en Dios, pero de lo que no se puede dudar es de que hay pecado, porque hay muerte. Y desde esta realidad primaria de la cruz y de la muerte hemos aprendido a ver en su verdadera realidad la masiva e inocultable pobreza, como aquello que acerca realmente a la muerte: la muerte lenta que generan las omnipresentes estructuras de injusticia y la muerte rpida y violenta cuando los pobres quieren, simplemente, dejar de serlo.

En El Salvador son ya

ELENA GARRO LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS PDF

80 años de Jon Sobrino, el principio misericordia y la Iglesia de los pobres

Between and I served as associate director of Caritas of the diocese. West Midwest More than sisters serving in 16 states and one country. The lust of men addicted to pornography creates a market for sex trafficking which involves physical abuse that has led to death. Caputo, Philosophy and Theology. Mid-Atlantic More than sisters serving in twenty states and two countries. La Iglesia Samaritana y el principio-misericordia — Jon Sobrino — Google Books But mostly I heard a lot of concern for gastritis and blood-pressure low and high and saw a number of people being nebulized for asthma. I feel blessed to have been a part of this process.

DHAN LAXMI PRAPTI KE TOTKE PDF

El principio-misericordia

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