ELENA GARRO LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS PDF

La culpa es de los tlaxcaltecas. La piedra se solidificaba al terminar cada palabra, para quedar escrita para siempre en el tiempo. Sus pasos sonaban como hojas secas. Antes de que pudiera evitarlo lo tuve frente a mis ojos.

Author:Maukora Vudolabar
Country:Jamaica
Language:English (Spanish)
Genre:Technology
Published (Last):13 November 2013
Pages:207
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ISBN:403-5-33053-579-3
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La culpa es de los tlaxcaltecas. Esta, ensimismada, dio unos sorbitos. La piedra se solidificaba al terminar cada palabra, para quedar escrita para siempre en el tiempo. Sus pasos sonaban como hojas secas. Antes de que pudiera evitarlo lo tuve frente a mis ojos. No me dijo nada. Pero yo supe que iba huyendo, vencido.

Me conoce desde chica, Nacha. No me reprochaba nada, bien sabe de lo que soy capaz. Sus pasos sonaron en la luz de Cuitzeo iguales que en la otra luz: sordos y apacibles. Ya te dije, Nacha, que soy cobarde. Y me vi en sus ojos y en su cuerpo. Tampoco quedaban escombros. Margarita me miraba de reojo.

Y me puse a contarlas mientras le miraba la boca gruesa y el ojo muerto. Ya sabes que se le olvida todo. Es verdad que se le parece, Nacha. A los dos les gusta el agua y las casas frescas. Los dos miran al cielo por las tardes y tienen el pelo negro y los dientes blancos.

Nachita estuvo de acuerdo. Se produjo un largo silencio en la cocina. Pero no era verdad. En cambio mi primo marido, nunca, pero nunca, se enoja con la mujer. Pero ella no hizo caso.

No, lo peor no. Es muy triste ese lugar, Nachita. El sol estaba plateado, el pensamiento se me hizo un polvo brillante y no hubo presente, pasado ni futuro. Le vi el pelo negro y la herida roja en el hombro. Le vi los ojos muy afligidos. Los alaridos y las piedras nos cercaban, pero yo estaba a salvo bajo su pecho. Y ella fue la que le dio la noticia.

Luego se fue a su cuarto. Nacha y Josefina la siguieron, era mejor no dejarla sola. La noche apenas si dejaba ver entre sus sombras.

Nos quedamos mucho rato sin hablar. Por respeto yo esperaba sus palabras. Yo miraba todo sin querer verlo. Las canoas despedazadas no llevaban a nadie, solo daban tristeza.

Lo bueno crece junto con lo malo. Tal vez ya estaba muerto en el combate. Las dos mujeres se quedaron quietas. Laura escuchando preocupada los aullidos de los coyotes que llenaban la noche. Y en un descuido de la recamarera, Nacha se fue hasta sin cobrar su sueldo.

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